

El poeta habla de aquellos que dicen una mentira sobre alguien para dañarle. Creen así que el valor de la propia persona desaparece. Sin embargo ocurre todo lo contrario. En un primer momento parece que daña y ensucia. Pero al final, se ve quién es de verdad la persona y la importancia y el valor de la misma.
No habla de un hecho concreto o personas concretas. Únicamente pone sobre la mesa algo que suele ser habitual y que ocurre más veces de las que nos gustaría. Intuimos que importa mucho la personalidad de quien es atacado y su fuerza para no enfrentarse o, simplemente, aceptar lo que la otra persona ha dicho y ocuparse de dejar que el tiempo haga que lo dicho se vuelva contra quien lo fue diciendo.
La importancia de la calumnia no está en lo que se dice o en quien lo dice, sino en la persona que lo escucha lo toma como cierto. Esa es la mejor manera para que se propague, para que se tome como cierto y, sobre todo, para perjudicar a una persona que, en la mayoría de las ocasiones no lo merece y, aunque lo mereciera, no es la forma ni el modo.