

Rafael Alberti (1902-1996) fue uno de los más importantes poetas españoles perteneciente a la famosa Generación del ´27. Recibió a lo largo de su vida numerosos premios literarios y en el año 1983 fue nombrado Hijo predilecto de Andalucía. A pesar de que comenzó su carrera artística como pintor, a partir del año 1920, año en el que tiene lugar la muerte de su padre, se despierta en él su faceta de poeta. Se rodeó a partir de entonces de los ya consolidados poetas de su época, y en 1925 le fue otorgado el Premio nacional de Poesía con su obra Marinero en tierra. Dos años después se consolidaría en Sevilla como grupo poético lo que actualmente conocemos como generación del 27.
Alberti tuvo que exiliarse tras la Guerra Civil española, ya que estaba vinculado activamente con el Partido Comunista de España. Y volvió a su patria una vez finalizada la dictadura de Franco.
La poesía de Alberti estuvo constantemente en evolución; podemos distinguir cuatro etapas fundamentales en cuanto a la temática tratada se refiere. La primera etapa se caracteriza por la creación de una poesía vinculada al humor y al folclore andaluz. En la segunda etapa desarrolla una poesía surrealista. Después escribe poesía social o política y por último poesía inspirada en la morriña y la nostalgia de lugares y momentos pasados.
Con este sincero y conmovedor poema que nos ocupa, «Lo que dejé por ti», Rafael Alberti nos habla desde el exilio. Quizás podamos situarlo en su etapa más nostálgica.
El tema fundamental del poema es la petición que el poeta le hace a su ciudad de acogida, Roma, para que ésta no se olvide de lo duro y penoso que ha sido dejarlo todo atrás. Le explica con un sentimiento desesperado cuán difícil le ha resultado exiliarse, y le expone las buenas intenciones que tiene para con ella, su nueva ciudad. Se trata de una evidente personificación de Roma, tanto así que parece desde el inicio hasta casi los últimos versos que el poeta escribe a una mujer amada y únicamente porque se refiere a ella por su nombre sabemos por quién o qué dejo todo lo que en un momento dado había sido suyo.
Con esto deducimos que a pesar del dolor y el pesimismo que supone dejar tu patria, siempre puede hallarse felicidad y calidez en la ciudad que nos acoge.